Palabra acupuntura

Eras palabra acupuntura,
cada una de las letras de tu nombre
anestesiaba mis miedos
aliviándolos con ternura.

Construiste paredes de cristal a nuestro alrededor, que a pesar de permitir a nuestros sueños conocerse, crearon barreras imposibles de traspasar.
Mojaste tanto el papel, que no quedó nada, ni siquiera restos de aquellas promesas vacías, pasajeras.
Creaste márgenes al margen de nuestras ganas, ganándole la partida al hastío, perdiendo frente al destino.
Y te dedicaste a cortar los hilos que juntos cosimos.

Estallidos de objetivos, vencidos, batidos en duelos inconscientes de mi mente contra todos los latidos de mi desahuciado corazón.
Desahuciado por la furia de tu silencio, silencio que arrasó con cada uno de los cristales que guardaba bajo las sábanas.
Zona peligrosa,
en la que mi corazón de goma,
perdido en las dunas de tus dudas,
transeúnte en continuo movimiento,
vive buscando la salida de emergencia.

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Sabía que el planeta bajo sus pies daba vueltas. Contemplaba a diario cientos de hilos inútiles jugando a limitar mundos y vagaba alrededor de sueños volátiles que pretendían ordenar segundos. Se dedicaba a planear viajes inertes, rotos de interés por cada uno de sus tristes compases. Esbozaba universos complejos acomplejados por las últimas letras de cada palabra fría. Destrozaba grafitis, dibujando con tizas trazos de suturas hechas trizas. Vaciaba sorbos de vasos vacíos de besos perdidos. Contestaba cartas con restos de pasados basados en desganas. Contornos borrosos y todo era lodo, barro, charcos de credos difusos. Era la melodía tras aquella ruptura, las lágrimas de esa canción de desamor. Era la calma desarmada tras la marea, descarnada por el azar. Era el adiós que alguien quiso callar, el silencio que nadie pudo pronunciar.

Quemaste estancias de papel,
ardiste ante cualquier ceniza,
iridiscente en el viento,
buscabas sombras en la oscuridad,
pero eras espejo reflectante de las tuyas,
tormenta rota que abrasaba al tiempo.

De raíz

Hoy, siento la urgencia,
hoy, quiero parar el reloj y rebobinar,
hoy, sabiendo que vuelas a cincuenta metros de mí,
mis sentimientos piden salir del baúl,
pero los trenes que vendrán me lo impiden,
tiembla el suelo
y las ganas me matan por dentro.

La nostalgia voletea por mi mente,
eres destino en cada camino,
estás tan cerca
que aquí siento tu respiración,
¿sientes tú también la mía?

Estás en mis vértices,
juego a esquivarte,
finjo no verte,
pero duermes en mí.

Sigo buscando tu aroma entre la gente,
aquí le faltas a mi piel,
pero hoy, quiero arrancarte de raíz.

Viertes en el papel el brillo de tus ojos,
vienes viernes tras viernes a volar sobre mis cielos,
mientras yo celo preámbulos,
deambulando por el afecto de tus cuentos.

Esa galaxia particular a gritos nos reclama.

Allí, bailaremos al son de las estrellas y con fugaces miradas embargaremos al azar,
viendo cómo tras cada noche
amanecemos con una herida menos y un corazón de más.

Imbatible sonrisa

Tras esos barrotes decidiste encerrarte, dejaste de ser tú con todos, e interminablemente te convertiste en un intermitente nadie, desbordaste desvaríos en un cuaderno y caíste, escondiendo cada uno de tus latidos.

Pero el tiempo pasó, y ahora es cuando sabes que sintiéndote atrapado, la lluvia entre tus dedos se escapaba, y solamente quieres gritar cuál es el plan que estando apagado y confundido trazaste.

Vas a dedicarte a sentir, enfrascarte en cada sonrisa, no dudar, pensar, planear, actuar y fracasar. Fracasar una y otra vez para poder volver a intentarlo, sin frustración, sin miedos, con razón y corazón, sin promesas hechas sobre cristales, que terminarían hechas añicos en el espejo de las dudas. Romperás cada barrera, no levantarás ni un muro más, buscarás una salida, bailarás, pondrás en venta tus heridas, cicatrizarás al invierno, sin trucos relativizarás cada verdad, vencerás al miedo, echando raíces, pero levantando el vuelo.

Y sonreirás, porque todo, absolutamente todo comienza con una sonrisa.

M iro cada letra como una meta,
A manezco con el verso en las pestañas,
R ío bajo las tormentas,
I ntento hacerle cosquillas al miedo,
A ndo de puntillas y bailo solo las lentas.

Sin reservas

Todavía tengo tu ropa escondida bajo mis sábanas,
nos ardió el calendario,
y casi a diario
besé tus ciudades sumergidas.

Nos amamos sin reservas,
sin medidas,
sin preguntas,
con las ganas
perdiendo cada norte,
volviéndonos adictos
a reencontrarnos como deporte.

Quien te probó
perdió la luz de cada ejército
y le ganó la guerra al deseo.

Referéndum

Tras aquella sesión en el parlamento de tus labios,
mis manos contestaron,
votando a favor de tu piel,
y yo,
no tuve más remedio que dimitir de cualquier cargo que fuera en dirección contraria a tu boca.

Coloreando

Tenía todas mis luces apagadas,
sabía a derrotas,
me ardían las batallas.

Desataste nudos,
revolviste secretos,
borraste desastres,
bailamos,
y juntos nos salvamos.

Llegaste y con un revés
me golpeaste la vida,
llenándola de flores,
de repente y sin medida,
librándola de grises,
coloreando cada página.

Copas rotas

En sus labios todas las copas sabían rotas.

Copa rota,
añicos de ilusiones,
idiotas,
suicidas.

Copa rota,
cristales vacíos,
fríos,
baldíos.

Copa rota,
vino derramado,
calado,
aislado.

A mordiscos

Eras el motivo de mis insomnios,
quien impulsaba preguntas encerradas en botellas que nunca alcanzarían la orilla.

Eras quien a mordiscos me arrancaba los miedos,
pero tenías el don de crear otros totalmente nuevos.

Eras el título de todas las canciones,
pero a su vez,
eras piedra,
o tal vez tu corazón lo era,
difícil de traspasar,
pero situado de tal forma
que era imposible no volver a tropezar con él,
y aún escuece hacerlo,
más que cualquier otra cosa,
porque sabías a verdad,
fotografiabas momentos
que juntos capturábamos,
pero sin revelar nos quedamos.

Eres el que en mis sueños grita: ¡quédate!,
pero yo sigo sin saber si puedo,
sigo sin saber si debo.

Oscuridad

Oscuridad es perderme en un bar sin ti.

Oscuridad es buscarte tras la gente y no encontrarte, disfrazando tu ausencia con apuestas inseguras, juegos inestables de suturas inacabadas.

Oscuridad es dedicar cada latido a sobrevivir con la esperanza de cruzarme contigo de nuevo en algún rincón.

Oscuridad es saber que llueves al palpitar cerca de mí, pero es que lo único que quiero es mojarme.

Y sobre esa delgada cuerda floja intento hacer equilibrios con mi corazón y mi locura, pero de nada sirven, termino saltando al vacío,
sin paracaídas,
esperando que las nubes
tengan hilos encargados
de impedir mi caída,
o que sean capaces
de llevarme a ti,
quitándome la venda
que a oscuras me tenía.

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