Versos funambulistas,
sueños invisibles,
besos suicidas.

Anuncios

Falta llama
en este mundo,
en el que quien llama,
pierde.

Ella, que respira sola y hace crecer amaneceres a su paso.

Ella, que parpadea y ve universos donde llueve poesía, donde el silencio contra las paredes no retumba.

Ella, que derrumba insomnios y deja atrás miedos cuando camina soplando dientes de león.

Ella, que sigue el camino del ritmo de su corazón y el compás de labios que suspiran razones.

Ella, que cultiva cada latido vivido, viviendo a centímetros del cielo, mientras va pisando el suelo con sueños por cumplir.

Si quieres, puedes.

Solía mirar las nubes buscándote. Solía lanzar miradas que corrían a esconderse bajo tu piel. Solía pensar en una vida en la que la brisa cubriera cada uno de los días grises que nos rodeaban. Solía superar noches frías en las que ni siquiera nuestras manos se rozaban por miedo a no encontrar las palabras adecuadas. Solía desatar tempestades tras mirar como a través de mares de cristal ahogabas penas y soltabas lastres que pesaban demasiado. Solía guardar inseguridades que tú alimentabas y pensar en inviernos, esperando veranos mejores. Solía creer demasiado, pero a través de errores, de tropezar en tu piedra, en esa debilidad que creé basada en ti, terminé aprendiendo. Aprendí a decidir volar sin ti, aprendí a atacar instantes vacíos y a llenarlos de mí, aprendí que tus recuerdos ya únicamente eran eso. Aprendí a no aferrarme a tu rutina, a encontrarme, a poder con todo. Y fue entonces, cuando venció nuestra fecha de caducidad, se esfumó aquel nosotros. Te dejé ir sin rencor, y después de tu juego, aposté por mí.

Inherente cielo

Antes, solía caminar con los pies en tu cielo. Ahora, cada promesa de hielo olvidada en aquel desván lleno de apuestas perdidas me hizo olvidar tu dirección, frenar, enfrentar sin disimular, dar la vuelta y regresar, pisando con más fuerza, mi inherente cielo.

Salto al vacío

Sigo saltando al vacío
por el vicio de tus labios.

Un martes de lluvia,
calaste cada milímetro
de la distancia que nos separaba.

Llegaste e hiciste aprecios,
complejos
que a versos
mordimos.

Pero muero conteniendo apuestas,
cuando con tenerte ganaría.

Mundanas volteretas

Confío en las vueltas que da mi mundo,
mundanas volteretas en las que vuelvo a comprender lo que esa piel quiere decirme,
aparezco a cuestas de mis tiempos pasados,
pasando de imaginar lo que tus credenciales imponen,
mientras redacto acertijos que espero resuelvan tus manos.

Imagino poesía en las miradas,
caos en abrazos transparentes,
leyes del tiempo borradas,
y eclipses magnéticos.
Imagino vacíos, abismos sobre los que planear futuros imposibles.

Señales

Se pierde en las señales.
Sueña con despertar para poder correr y acelerar,
para virar y girar.
Tropieza intentando fracturar los inviernos de su piel,
intentando facturar veranos.

Quiere brillar,
quiere soñar,
quiere olvidar los zapatos
y bailar descalza hasta que salga el sol.

Quiere volar,
quiere planear.
Quiere aprender y desaprender,
romper y converger.

Muerte por amor

Tus balas sabían exactamente cuál era el puto punto de impacto,
fueron directas al centro de mi corazón,
y mi razón explotó.

Muerte por amor.

Inercia

Un lunes de octubre te esperé imaginando respuestas imposibles.

Adicta a reclamar fragmentos olvidados, vivo inmersa en aquel septiembre.

Ruedo, la inercia de mi cuerpo tiende siempre a volver sobre tus sábanas.

Ruedo, conduciendo sin frenos, porque sé que dejarán de funcionar ante tu portal.

Ruedo, tropezando una y otra, y otra vez contigo.

Sin duda, sin duda sé que tú eres la piedra, pero entonces ¿cómo es que yo no la veo?

Palabra acupuntura

Eras palabra acupuntura,
cada una de las letras de tu nombre
anestesiaba mis miedos
aliviándolos con ternura.

Construiste paredes de cristal a nuestro alrededor, que a pesar de permitir a nuestros sueños conocerse, crearon barreras imposibles de traspasar.
Mojaste tanto el papel, que no quedó nada, ni siquiera restos de aquellas promesas vacías, pasajeras.
Creaste márgenes al margen de nuestras ganas, ganándole la partida al hastío, perdiendo frente al destino.
Y te dedicaste a cortar los hilos que juntos cosimos.

Estallidos de objetivos, vencidos, batidos en duelos inconscientes de mi mente contra todos los latidos de mi desahuciado corazón.
Desahuciado por la furia de tu silencio, silencio que arrasó con cada uno de los cristales que guardaba bajo las sábanas.
Zona peligrosa,
en la que mi corazón de goma,
perdido en las dunas de tus dudas,
transeúnte en continuo movimiento,
vive buscando la salida de emergencia.

Sabía que el planeta bajo sus pies daba vueltas. Contemplaba a diario cientos de hilos inútiles jugando a limitar mundos y vagaba alrededor de sueños volátiles que pretendían ordenar segundos. Se dedicaba a planear viajes inertes, rotos de interés por cada uno de sus tristes compases. Esbozaba universos complejos acomplejados por las últimas letras de cada palabra fría. Destrozaba grafitis, dibujando con tizas trazos de suturas hechas trizas. Vaciaba sorbos de vasos vacíos de besos perdidos. Contestaba cartas con restos de pasados basados en desganas. Contornos borrosos y todo era lodo, barro, charcos de credos difusos. Era la melodía tras aquella ruptura, las lágrimas de esa canción de desamor. Era la calma desarmada tras la marea, descarnada por el azar. Era el adiós que alguien quiso callar, el silencio que nadie pudo pronunciar.

Quemaste estancias de papel,
ardiste ante cualquier ceniza,
iridiscente en el viento,
buscabas sombras en la oscuridad,
pero eras espejo reflectante de las tuyas,
tormenta rota que abrasaba al tiempo.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑